El viejo Ermitaño encontró al joven Shela sentado con la mirada perdida en el horizonte, dejando caer lagrimas y sollozando, le miro, puso su mano vieja y cálida sobre su hombro y dijo:
"Deja que tus lagrimas mojen tus ojos y laven tu alma. No retengas el dolor, déjalo fluir y entiende que hay tiempo para todo, hoy es tu tiempo para llorar"
Entre sollozos el Shela pregunto al Ermitaño: Porque yo sabiendo tanto sobre la vida y la muerte, cuando tu me has enseñado el justo valor de la vida en esta octava como un tránsito, cuando yo he disertado tantas veces sobre esto, hoy me embarga la tristeza.
"Querido Shela, somo humanos. El ser humano nos viene con la carga de emociones. imagina que ser tan raro serias que siendo cuerpo humano no sientas y no experimentes las emociones de tristeza, de amor, de plenitud o de ausencia. Deja que fluyan tus emociones humanas, tu sabes que es un ciclo, que esto también pasara y que después del dolor, cuando la cicatriz empiece a sanar miraras y sonreirás recordando las andanzas. Te recordaras que todo esta lleno de todo. Que la muerte es un transito necesario para ascender a otro nivel, pero que seguimos aquí, en dimensiones diferentes y impregnando todo desde esa otra dimensión. Somos la totalidad inmersa en todos los vacíos que te pueda imaginar, y mas allá de lo que tu imaginación y tu intelecto es capaz de experimentar. Así que siente libertad de llorar, de sentirte triste, de despedirte como puedas, ahora eres libre."
El viejo Ermitaño respetando el momento de crecimiento del joven Shela, le dejo en solitud permitiéndole experimentar la plenitud del momento.
Conversaciones con el Maestro.
Alexis Rodríguez D,
Bendiciones
Amor y Luz.
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