Todo para crecer
Alexis Rodriguez Diaz
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Meditando un poco en este largo amanecer de
invierno recordé las palabras del Lama Kalu Romponche.
“Procura no auto-exaltarte ni auto-compadecerte. O sea, no pensar demasiado en ti mismo, si no es con el fín de perfeccionarte.”
En los cuentos del Ermitaño hay un capítulo
donde el joven Shela le pregunta al Ermitaño:
-Ermitaño cuánto sabes, yo te considero sabio.
El Ermitaño miró al cielo, movió varias veces
su cabeza en negación y en medio de una sonrisa le respondió:
-Mi querido Shela, siempre me haces ser alumno
cuando me preguntas; sabes, hace algún tiempo me creía sabio y quería dirigir
y mandar a todos, pues yo me consideraba una autoridad en mi área, paso el tiempo
y de maestro me hice alumno, empecé a ver mi maestría pequeña, cuanto más pequeña
la veía más me percataba que todo y todos me enseñaban, cundo me decían valiente
miraba la cobardía, cuando me decían cobarde entendía la valentía, así descubrí
que siendo humilde era muy rico, que siendo alumno era la única manera de aspirar
ser maestro y que solo se adquiría el grado de maestría después de abandonar el
cuerpo físico, con la llamada a comparecer ante nuestro Padre Maestro y con la
venia de El
Ahora si te responderé objetivamente tu pregunta: "no se mucho Shela, no sé mucho, pero tengo ansias de saber, y esto me pone en el
camino del encuentro."
Te repito lo que dice el Libro de Sabiduría
5, escrita por los amigos de Salomón en su nombre:
“¿De qué nos sirvió nuestro orgullo? ¿De
qué la riqueza y la jactancia? Todo aquello pasó como una sombra, como noticia
que va corriendo; como nave que atraviesa las aguas agitadas, y no es posible
descubrir la huella de su paso ni el rastro de su quilla en las olas; como
pájaro que volando atraviesa el aire, y de su vuelo no se encuentra vestigio
alguno; con el golpe de sus remos azota el aire ligero, lo corta con agudo
silbido, se abre camino batiendo las alas y después, no se descubre señal de su
paso; como flecha disparada al blanco; el aire hendido refluye al instante sobre
sí y no sabe el camino que la flecha siguió. “
Pues si mi querido Shela, uno de los tesoros
de la sabiduría es encontrar a la humildad, y hasta en el saber hay que saber distinguirla.
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′′Lo mejor que hay que hacer cuando estás triste", replicó Merlín, empezando a soplar y resoplar, ′′e yos aprender algo. Es lo único que nunca falla. Puedes haber envejecido, con tu cuerpo tembloroso y debilitado, puedes pasar noches sin dormir escuchando la enfermedad que invade tus venas, puedes perder tu único amor, puedes ver el mundo a tu alrededor devastado por el mal, o saber que tu honor está pisoteado en las cloacas de las mentes más viles. Sólo hay una cosa que puedas hacer: aprender. Aprende por qué el mundo se mueve y qué lo mueve. Esto es lo único que la mente nunca se cansará, nunca se alienará, jamás será torturada, ni asustada o intimidada, ni soñará con arrepentirse. Aprender es lo único que necesitas. Mira cuántas cosas hay que aprender."
'The once and future king', T. H. White.
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