Un Corazón Roto
Alexis Rodríguez Díaz
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Un corazón roto es mucho más que la mera
decepción y las pruebas vienen a veces a nuestras vidas con tal fuerza que
hacen que todo cambie para siempre. Un corazón roto te hará retorcerte el dolor
y arrastrarte destrozado. Un corazón roto te dejará luchando desesperadamente
por respirar.
La palabra "roto" en hebreo es la
palabra "shabar" y significa "desgarrar violentamente, destrozar
o aplastar, lisiar, mutilar, destruir o fracturar. El hebreo antiguo es una
lengua muy descriptiva y esta palabra no sólo viene con una definición, sino
también con situaciones en las que se usa esa definición. Esta palabra se usaba
para describir a los barcos que se habían astillado y roto de proa a popa
debido a los feroces vientos. También se usaba para describir la acción de
desgarrar y despedazar que las bestias salvajes hacían con sus presas.
Literalmente puede ser traducido como "los que tenían el corazón
despedazado".
La
palabra usada para "corazón" en este caso en particular de la
Escritura es la palabra “leb", que se refiere al alma o el corazón de una persona.
Abarca el carácter moral, los apetitos, las emociones, las pasiones e
incluso la mente y la memoria.
Es por eso que un corazón roto no necesariamente
es malo, yo lo vería como la gran oportunidad de redescubrirnos y encontrar esos
nuevos valores o desempolvar los ya olvidados, es la fuerza necesaria potenciada
por la prueba.
En el libro de los Salmos, en su capítulo 34 versículos 4 al 10 leemos:
“Le pedí a Dios que me ayudara, y su
respuesta fue positiva: ¡me libró del miedo que tenía! Los que a él acuden se llenan de alegría y
jamás pasan vergüenzas. Yo, que nada valgo,
llamé a Dios, y él me oyó, y me salvó de todas mis angustias. Dios envía a su ángel para que salve del
peligro a todos los que lo honran. Dios
bendice a los que en él confían. Ustedes, pueblo de Dios, vengan y prueben su
bondad; verán que a quienes lo adoran nunca les falta nada. Los ricos pasarán
hambre, pero a los que confían en Dios nunca les faltará nada bueno.”
Sal 34:4-10
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