Agua en el desierto
Estaban los Shelas rodeando al Ermitaño que aún no salía de
su profunda meditación, como siempre escuchaba las preguntas que le hacían los jovenes Shelas, sumido en una profunda meditación consciente.
De pronto abrió los ojos lentamente y dijo:
- Hoy mientras meditaba
una puerta se abrió y me pidió la voz que desde una inmaculada fuente salía,
que respondiera esto que les narrare:
Hubo una pausa y continuó:
- Me senté al lado del maestro
y él me dijo; te contaré la historia de un hombre que estaba perdido en el desierto,
a punto de morir de sed. Entonces llegó a una casa vieja, una cabaña que se
desmoronaba, sin ventanas, sin techo, muy golpeada por el tiempo.
El hombre deambuló por allí y
encontró una pequeña sombra donde se acomodó, huyendo del calor del sol desértico.
Mirando alrededor, vio a algunos metros una bomba de agua, muy vieja y oxidada.
Se arrastró hasta allí, tomó la palanca, comenzando a bombear sin parar, pero
nada ocurrió.
Desanimado, cayó postrado
hacia atrás y notó que al lado de la bomba había una botella y dentro de ella
una nota. La miró, la limpió y leyó el mensaje: "Si quieres que funcione
la bomba, debes verter sobre ella, toda el agua de esta botella; mi amigo hazme
el favor de llenarla nuevamente antes de partir."
El hombre arrancó la tapa de
la botella y, para su sorpresa, efectivamente tenía agua. ¡La botella estaba
casi llena de agua! Pero de repente, el hombre se vio en un dilema: Si bebía el
agua lo podría hacer sobrevivir, pero si volcase el agua en la vieja bomba
oxidada, quizás obtuviera agua fresca, bien fría, allí en el fondo del pozo,
toda el agua que quisiera y podría llenar la botella para la próxima persona...
pero quizás eso no salga bien. ¿Qué debería hacer? ¿Volcar el agua en la vieja
bomba y esperar el agua fresca y fría o beber el agua vieja y salvar su vida?
¿Debería perder toda el agua que tenía en la esperanza de aquellas
instrucciones poco confiables, escritas quién sabe cuándo?
Finalmente, con algo de temor,
el hombre volcó toda el agua en la bomba. Enseguida, agarró la palanca y empezó
a bombear... ¡Y nada ocurrió! Continuó Hasta que de pronto surgió un hilito de
agua, después un pequeño flujo, ¡y finalmente el agua salió con abundancia!
La bomba vieja y oxidada hizo
salir mucha, pero mucha agua fresca y cristalina.
El hombre llenó la botella y bebió de ella
hasta hartarse. La llenó otra vez para el próximo que pasara por allí, la
enroscó y agregó una pequeña nota al grillete preso en ella: "¡Créeme,
funciona! ¡Necesitas dar toda el agua antes de poder obtenerla otra vez!"
Queridos amigos, Una de las características comunes en casi
todos los seres humanos es que solemos aferrarnos a algunas cosas. No queremos
soltarlas porque pensamos que es lo único que tenemos y ponemos toda nuestra
confianza y esperanza en eso.
Pero Dios "La Fuente Inmaculada y Eterna" nos pide
que confiemos en Él, que le entreguemos lo que tenemos, posesiones, familia y
hasta nuestra vida para poder darnos mejores cosas.
Al entregarle lo mejor que tenemos dejamos libres nuestras
manos para que Dios nos de cosas mejores.
No es un ejercicio fácil pero solamente confiando en Él
alcanzaremos nuestros sueños.
No lo dudes, por más que estés atravesando un desierto y no tengas más que una botella de agua, entrégala, Dios no te fallará, no va a permitir que mueras de sed en el desierto, por el contrario, te dará agua fresca en abundancia. Él quiere bendecirte, pero debes confiar en su amor y sabiduría.
"Antes bien, como está escrito:
Cosas que ojo no vio, ni oyó, Ni han subido en corazón de hombre, Son las que Dios ha preparado para los que le aman." (1 Corintios 2:9)
No tienes que beber el agua que ha estado embotellada por un
tiempo desconocido cuando puedes beber agua fresca y cristalina sin límites.
Que la búsqueda los sumerja en la fuente inmaculada de todo
el saber.

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