ada era
normal.
Se escuchaba
un tropel de personas, ladridos de perros, objetos pateados, sonidos ahogados
de pitos de sirenas. Todo era un caos siniestro y alucinante.
Nadie se detenía
a mirar hacia atrás, todos corriendo en dirección hacia donde corría la masa
humana, huían de algo o de alguien. Nadie sabía si era humano o infrahumano, si
era de acá o de otro planeta, solo huían a toda velocidad. Los más rápidos iban
adelante, los mas lentos iban quedando atrás. Los minusválidos, eran la cruz
andante de algunos, otros yacían en el suelo arrastrándose como podían, pero también
huían.
El cielo era
gris, pero no se veía ni mas ni menos gris que de costumbre. El viento fuerte y
húmedo como era normal. Las aves espantadas por el desorden y el ruido ya no
estaban donde comúnmente estaban, habían escapado también.
A la distancia, mientras me apresuraba a correr logré ver a un
hombre que sentado lejos del tumulto, jugaba con un pequeño gato.
Era
perturbador ver como ese hombre mayor, barbudo, con vestimenta no ordenada y muy
gastada seguía su normalidad como si no estuviera pasando nada.
No soporté la tentación
y me desvié a preguntarle lo que el sabía y yo ignoraba.
Al estar cerca le dije
– porque no huyes- el me miró con dulzura mientras acariciaba al gato cual juguete
de peluche; un instante después me respondió: -Todos huyen y no saben de qué,
todos huyen y no saben hacia donde huyen, son gregarios, solo huyen. Yo hui
durante mucho tiempo hasta que me encontré, y después que me encontré no quise
perderme nuevamente; por eso ahora no huyo. -
Mas desconcertado aun le pregunté
nuevamente: ¿y que encontraste cuando te encontraste?. Levantó la mirada, señaló
con su dedo índice derecho al cielo, hacia arriba y me respondió -Eso que
llaman cielo eso encontré y reconocí que no es cielo, encontré que el cielo no
esta arriba ni afuera, descubrí que el cielo está dentro, aquí y ahora- ; me
miró y continuó: -Ahora entiendes porque no huyo. ¡yo ya llegué al refugio mayor,
allí donde no hay amenazas! Te invito a que decidas donde quieres, estar en el
cielo de afuera o en el cielo de adentro. Yo decidí y mírame aquí, con mucha paz mientras otros corren hacia ninguna parte despavoridos por el miedo a no saben
que-.
Me senté al lado del hombre solitario que acariciaba a su gato, cerré los
ojos y sentí el silencio. No paso un minuto y sentí algo sobre mi mano, una
pequeña ardilla se estaba acercando a mí con un trozo de semilla, me permitió acercar
mi dedo y acariciarle su pelambre. Después de eso pude sentir el silencio,
nadie corría, la gente caminaba tranquila y sonreída.
Después de ese encuentro
con el anciano y su gato, disfruté la otra realidad, esa donde pasa lo mas
hermoso de la vida, la vida misma, aquí, hoy y permanentemente cambiante.
¡Te invito! Siéntate
en el banco, cierra los ojos, ¡fluye y deja de huir!
Paz y Luz.
Bendiciones.
Alexis Rodriguez D
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