El Papá de las Mariposas.
Sobrevivencia en tiempos de crisis.
Por Alexis Rodríguez Díaz.
Escondido tras el grueso árbol, se escuchaba el sollozo, un sollozo con tono de niño asustado. Yo, con la parsimonia que decían que tenía al caminar, apoyaba mis pies silenciosamente, además de estar apoyado en el báculo que me acompaña en mis caminatas por esos caminos de Dios. El niño no se dio cuenta de mi presencia y solo cuando le dije: "¿Qué tienes, niño? ¿Por qué lloras?", levantó su mirada que tenía atrapada en sus manos mientras lloraba. Fue entonces cuando me dijo: "Estoy perdido, señor, no sé cómo regresar a casa".
Lo miré con dulzura y le pregunté: "¿Quién eres?" Él me respondió: "Me llamo Juan, salí de casa persiguiendo mariposas, me distraje y empecé a ver más mariposas, y a medida que avanzaba me fascinaban más, hasta que, pasado un tiempo, estaba rodeado de bosque y no sé cómo regresar a casa".
Lo miré y puse mi mano sobre su cabeza con cariño y respeto por su dolor. Veamos, Juan, empecemos. Por lo que veo, te gustan mucho las mariposas. Cambiando un poco su tristeza, se limpió las lágrimas y me dijo: "Sí, de verdad, me encantan sus colores y su forma de volar. Mis amigos las cazan y les clavan alfileres para coleccionarlas, yo prefiero seguirlas y danzar con ellas, que me enseñen su prosa y su poesía cuando andan". No me quedó más que decir: "¡Bravo, Juan! Qué excelente manera de pensar y de expresarte". Bueno, Juan, déjame decirte algo: tus amigas las mariposas pueden ayudarte a encontrar el camino de regreso a tu casa.
Mira las mariposas, observa su vuelo. No veas a una mariposa, míralas como un conjunto, como un cuerpo que marcha al unísono. Ellas te trajeron aquí y ellas te sacarán de aquí, pero debes aprender a leerlas.
El niño me miró con ojos sobresalientes, maravillado, y me preguntó: "¿Verdad? ¿Y cómo las leo? ¿Tú sabes leerlas? Enséñame, señor".
Sonreí ante la avalancha de preguntas y le dije: "Sí, sí sé, y te voy a enseñar".
Míralas, míralas como te dije. Míralas como un cuerpo. Fíjate en que, si tú las seguías y llegaste aquí, sigue su camino en reversa. Ve desde donde vienes y poco a poco irás descubriendo el camino de regreso.
Te acompañaré. Vamos.
Así, Juan comenzó a ver a las mariposas, las vio como un flujo, entendió su camino, empezó a desandar el camino andado y así, durante varios minutos, fue avanzando, saliendo del bosque y de repente gritó emocionado: "¡Señor, esa es mi casa, ¡esa es mi casa!". Empezó a correr y me gritó: "Señor, ¿quién es usted? ¿Cómo sabía el camino de las mariposas?". Le grité mientras le decía adiós con una mano: "Yo también fui niño y un día me perdí y encontré al señor que cuidaba las mariposas, y él me enseñó lo que hoy te enseño a ti". Se escuchó mientras se alejaba feliz: "¡Lo volveré a ver y les contaré a mis amigos que conocí al papá de las mariposas... gracias, señor!".
Moraleja.
Este relato nos enseña que, en tiempos de crisis, podemos encontrar soluciones inesperadas si aprendemos a observar y a escuchar lo que nos rodea. El niño Juan estaba perdido en el bosque, pero gracias a su amor por las mariposas y a la guía del oportuno Señor logró encontrar el camino de regreso a casa. Así, en nuestra vida diaria, podemos encontrar soluciones a nuestros problemas si aprendemos a ver las cosas desde diferentes perspectivas y a escuchar a nuestro alrededor. Alli encontraremos la Guia Oportuna, Dios nos hablara de sus multiples formas. Además, el amor y la pasión por algo noble pueden ser una gran fuente de inspiración y motivación para superar las dificultades. Recordando a Wayne Dyer cuando dice: "Cuando cambias la forma en que miras las cosas, las cosas que miras cambian".
"Por tanto, acerquémonos con confianza al trono de la gracia para que recibamos misericordia, y hallemos gracia para la ayuda oportuna"
Hebreos 4:16
Feliz y bendecido dia.

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