Necesitas cuerda.
Por Alexis Rodriguez Diaz
En épocas pasadas, el oficio al que se dedicaba una persona terminaba por dar un apellido a la familia: los herreros, los barreros, la familia tejedora, el relojero, etcétera. Nadie se sentía más que los otros, porque todos eran necesarios.
Esto mismo sucedía en un pequeño pueblo donde todos se conocían, no solo por el nombre sino también por el oficio. Vivían en total armonía hasta que un día algo vino a perturbar la tranquila vida de sus pobladores: el relojero había recibido una enorme herencia y tuvo que abandonar su amado pueblo natal. Toda la población quedó consternada, ya que ya no tendrían un relojero.
El tiempo fue pasando y de pronto, todos empezaron a dejar en el olvido sus relojes que ya no funcionaban y comenzaron a sentir la ausencia del relojero. Pero era inútil seguir lamentándolo, era la nueva realidad.
Sin embargo, hubo alguien que actuó de manera diferente; su reloj ya no marcaba la hora exacta. Pensó en guardarlo, ya que tenía un gran cariño por él, se trataba de un regalo de su abuelo y ya era parte de su vida, lo acompañaba cada día durante muchos años. Por ello no lo abandonó, aunque era cierto que ya no le servía de gran cosa. Pero cada noche, antes de acostarse, cumplía fielmente con el rito de sacar el reloj del cajón para darle cuerda a fin de que se mantuviera funcionando. Corregía la hora más o menos intuitivamente recordando las últimas campanadas del reloj de la iglesia y luego lo volvía a guardar hasta la noche siguiente, cuando repetía la rutina.
Un buen día, hubo un gran revuelo en el pueblo: ¡había regresado el relojero! Cada uno comenzó a buscar ansiosamente entre sus cosas los relojes que habían dejado de funcionar, ahora sí tenían a alguien que finalmente podía arreglarlos. Pero para la decepción de los dueños, ninguno de ellos tenía arreglo, había pasado mucho tiempo sin que fueran usados. Solamente uno de los relojes pudo ser reparado, aquel cuyo dueño lo había mantenido en funcionamiento, aunque no marcaba correctamente la hora. La fidelidad y constancia de darle cuerda cada noche habían mantenido su maquinaria lubricada y en buen estado.
Esta historia pertenece a este tipo de realidades. Tiene mucho de herencia, también de utilidad, necesita fidelidad constante y la esperanza de saber que "El gran relojero" pronto traerá restauración a tu vida.
Tal vez te sientas como ese viejo reloj, pensando que pasó tu mejor tiempo, o te sientes ineficiente en lo que haces, o que hay áreas de tu vida que no tienen arreglo. La buena noticia es que no fuiste descartado ni dejado en el olvido. Tu Padre quiere reparar tu vida, déjalo que Él obre y te sorprenda una vez más.
Si los tiempos por los que estas pasando son difíciles, no tienes las fuerzas para seguir en la carrera, durante este desierto; no dejes de orar, no dejes que tu relación y comunión con Dios se paralicen por la falta de actividad, busca a Dios en todo tiempo, persevera que cercano esta el día que Él vuelva. No olvides, cada noche darle cuerda a tu vida a través de la oración.
" Mirad velad y orad, porque no sabéis cuando será el tiempo" Marcos 13:33
Bendecido día.

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