Te Necesito

Te Necesito.

Por Alexis Rodríguez Díaz.


"Sentí que todo se me iba de las manos, mi corazón latía aceleradamente, el terror se apoderó de mí. Entonces me di cuenta de que no tenía a quién o a qué asirme en ese momento de angustia y desesperación. Dentro del torbellino que azotaba mi cabeza, surgió una luz en forma de voz interna que me recordó: 'Aquí estoy Yo, pídeme y te daré, toma mi mano y te salvaré'. Pensé, oré, medité y la calma fue regresando a mí. Dejé el control en manos de Él, el Padre de todo".

"Saliendo de Mi Noche Oscura"

 

En este fragmento de "Saliendo de Mi Noche Oscura", se aprecia cómo el protagonista de este momento difícil se aferra a Dios en su momento de dificultad, incluso cuando no lo tenía como presente o prioridad. Es el mismo Dios quien le recuerda que está allí, dentro de él, para ayudarle en el trance, y que al dejarlo actuar, Él se hará cargo de todo. Solo debe entregarle el control.


Muchos son los que, embriagados por su arrogancia, sostienen que no hay un Dios omnipresente y omnisciente (yo mismo en alguna noche oscura del alma). Envueltos en ese pseudo poder, se dejan llevar por la arrogancia de creerse autosuficientes. Todo esto hasta que llega un momento de gran crisis, cuando se teme por la vida. Pronunciemos de nuevo, con énfasis, SE TEME POR LA VIDA. En ese momento crucial, te das cuenta de que no hay poder en este mundo que pueda deshacer el momento final, la hora del último aliento. Es allí cuando descubren que sí existe un Dios, una fuerza suprema y absoluta que domina y controla todo, hoy y siempre.


Entonces, al igual que los deportistas, hay que entrenar permanentemente para estar preparados para el momento de la prueba. El momento de la prueba al que me refiero es el momento del alma, el momento sin cuerpo. Allí, cuando no valen el dinero, los bienes, los títulos o los dones, es ese momento en el que solo eres tú y el universo mismo, tú con Dios.


Como decía un lema de una vieja aseguradora: "Más vale tenerlo y no necesitarlo, que necesitarlo y no tenerlo", con el único detalle de que este seguro divino, sí o sí, lo necesitaremos en algún momento de nuestra existencia física. Tener a Dios presente es el mejor seguro.


Ojalá tengamos el seguro de Dios vigente en todo momento.


Bendiciones y feliz día.

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