Los Primeros Días.
Por Alexis Rodriguez
Los Primeros Días.
Después de haber aceptado quedarse en la cabaña del Ermitaño, el Shela se encontró con un nuevo estilo de vida. Despertarse temprano para meditar, caminar por la montaña para recolectar leña y cocinar su propia comida, todo esto era un cambio drástico de su vida anterior.
Los primeros días fueron difíciles para el Shela. Extrañaba su antigua vida y se sentía abrumado por la tarea de aprender las enseñanzas del Ermitaño. Además, la soledad y la falta de distracciones modernas lo hicieron sentir incompleto.
Una mañana, después de una meditación particularmente difícil, el Ermitaño llevó a el Shela a dar un paseo por la montaña. Después de caminar en silencio durante un rato, llegaron a un pequeño arroyo.
"Escucha el agua", dijo el Ermitaño. "¿Qué te dice?"
El Shela escuchó el sonido del agua corriendo sobre las rocas y respondió: "Me tranquiliza".
"Exactamente", dijo el Ermitaño. "El agua fluye sin esfuerzo, no intenta resistirse. Sigue su camino sin preocuparse por el futuro. Si escuchas con atención, puedes aprender mucho de la naturaleza".
El Shela reflexionó sobre las palabras del Ermitaño y se dio cuenta de que, al igual que el agua, necesitaba dejar de resistirse al cambio y fluir con la vida. En lugar de preocuparse por el futuro, debía concentrarse en el presente y permitir que las cosas sucedan naturalmente.
Con esta nueva perspectiva, Shela comenzó a adaptarse mejor a su nuevo estilo de vida. Aprendió a disfrutar de los pequeños momentos de tranquilidad y aprendizaje que la montaña y el Ermitaño le ofrecían.
Con el tiempo, los primeros días se convirtieron en una oportunidad para que Shela descubriera una nueva forma de vivir y se conectara más profundamente con la naturaleza y consigo mismo.
Sin embargo, El Shela pronto se dio cuenta de que vivir en la montaña tenía sus propios desafíos. Un día, mientras recolectaba leña, se encontró con una serpiente venenosa. Afortunadamente, el Ermitaño estaba cerca y pudo ayudarla a alejarse de la serpiente.
"La montaña es hermosa, pero también puede ser peligrosa", dijo el Ermitaño. "Debes estar siempre atento a tu alrededor y ser respetuoso con la naturaleza. Si lo haces, la montaña te recompensará".
A medida que el Shela se adaptaba a su nuevo entorno, comenzó a sentir una conexión profunda con la naturaleza. Se sorprendió al encontrar la belleza en cosas que antes habría ignorado, como el sonido del viento a través de los árboles o el olor a tierra mojada después de la lluvia.
Con el tiempo, también aprendió a ser más consciente de su propia presencia en el mundo. Se dio cuenta de que cada acción que tomaba tenía un impacto en el medio ambiente, y comenzó a tomar decisiones más conscientes en su vida diaria.
Una mañana, mientras meditaba en la cabaña, el Shela se dio cuenta de que estaba empezando a sentirse en paz consigo mismo. Había dejado atrás su antigua vida y había encontrado una nueva forma de ser feliz. Había aprendido a fluir con la vida, en lugar de luchar contra ella, y había encontrado una nueva forma de conectarse consigo mismo y con el mundo que la rodeaba.
"Los primeros días pueden ser difíciles", pensó. "Pero también pueden ser una oportunidad para crecer y descubrir cosas nuevas. Y, a veces, las cosas más hermosas están justo frente a nosotros, solo tenemos que tener los ojos y el corazón abiertos para verlas".
Con esta nueva perspectiva, el Shela se comprometió a seguir aprendiendo y creciendo, y a apreciar cada momento de su vida en la montaña con el Ermitaño. Aunque los primeros días habían sido difíciles, habían llevado a un nuevo comienzo, uno lleno de belleza, paz y posibilidades.
Feliz día.
Bendiciones.
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