"El Misterio del Café Humeante". Sabiduría compartida al amanecer.
Alexis Rodríguez Díaz
La madrugada aun ocultaba el prodigio de un nuevo día, pero ya el Ermitaño y el Shela estaban con sendos pocillos de café humeante.
Ese día, que no distaba mucho de ser un día cualquiera, el joven Shela le pregunto al viejo Ermitaño: ¿Ermitaño, que es la inteligencia?
El Ermitaño le respondió después de un breve silencio mientras daba un fuerte sorbo de café humente:
Hubo una vez un escritor famoso atormentado, borracho y un poco loco que escribió algo que después fue pasto de mis más profundas reflexiones, te las comparto. Te advierto qué nos son una verdad, tan solo son una perspectiva de la gran verdad única.
“La tristeza es causada por la inteligencia. Cuanto más comprendes ciertas cosas, más desearías no comprenderlas:”
Charles Bukowski
Te comparto una Reflexión para el alma:
La sabiduría y la melancolía.
La mente, esa brújula incansable que nos guía por el laberinto de la existencia, a veces nos conduce hacia un recodo inesperado: la tristeza. Un sentimiento que, como bien dijo Bukowski, se nutre de la inteligencia.
Resulta que Cuanto más profundo es nuestro entendimiento, más nítida se vuelve la percepción de la realidad-en esta octava y en las otras-, con sus luces y sus sombras. Y es en esa contemplación lúcida donde la melancolía puede florecer.
Y allí donde encontramos La paradoja del conocimiento.
Conocer, desentrañar los misterios del universo y de nosotros mismos, es una aspiración natural del ser humano. Sin embargo, esa búsqueda insaciable del saber puede depararnos una paradoja: a mayor conocimiento, mayor potencial para la tristeza.
Porque al comprender la complejidad del mundo, al desnudar las imperfecciones y las injusticias, al desmitificar las ilusiones que nos sostienen, nos abrimos a una dimensión de la experiencia humana que es inevitablemente agridulce.
Dicho esto pasamos a la aceptación como liberación.
Aceptar la tristeza como parte de la vida, como una de las caras de la moneda de la inteligencia, no significa resignarse a la oscuridad. Es más bien reconocer su lugar en la paleta de emociones que nos define como seres humanos.
Es aprender a navegar por las aguas turbulentas de la melancolía sin perder el rumbo, sin dejar que nos ahogue en la autocompasión o en la negatividad.
Después viene el encontrar la luz en la oscuridad.
La tristeza no es una enfermedad ni un enemigo a combatir. Es una señal, un mensajero que nos invita a reflexionar sobre nuestra vida, sobre nuestras prioridades y sobre el significado que le damos a nuestra existencia.
Es en la profundidad de la tristeza donde podemos encontrar la fuerza para crecer, para transformar el dolor en sabiduría y para descubrir la belleza que se esconde incluso en los rincones más oscuros del alma.
Encontramos así un nuevo amanecer.
Al aceptar la tristeza como parte de la vida, abrimos la puerta a una nueva perspectiva. Una mirada más compasiva hacia nosotros mismos y hacia el mundo que nos rodea.
Una mirada que nos permite apreciar la belleza en la imperfección, la alegría en la simplicidad y la luz que brilla incluso en la oscuridad.
Pero recuerda: la tristeza no es el final del camino, sino una etapa necesaria para alcanzar la plenitud. Abrazala con sabiduría y compasión, y verás cómo se transforma en una fuente de crecimiento y de transformación.
En coincidencia o causalidad, comenzaba a salir el sol en la montaña y el joven Shela absorto en las palabras del Ermitaño atinó a decirle al Ermitaño una sola palabra repetida res veces: Gracias, Gracias, Gracias.
Miro al Ermitaño y miro a las montañas en el horizonte y trono desde su garganta la voz y dijo:
"Me declaro en abundancia de inteligencia que me lleva a la sabiduría del Padre"
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Paz y Luz.
Alexis Rodriguez D
Bendiciones.

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