Desde las historias del ermitaño, una historia y una reflexión para el alma.
Empezaba el día con deshielo; una ola de calor había avanzado sobre la ladera fría y nevada de la montaña, se formaban pequeños surcos sobre los barrancos producto del sol que derretida la nieve, nadie sabe de dónde habían salido tantas aves, los pajarillos alegres revoloteaban sobre las pequeñas corrientes de agua, allí iban los dos sempiternos compañeros el joven Shela y el viejo Ermitaño, disfrutando el sol eventual en ese frío invierno, camisas abiertas como aprovechando ese regalo de Dios llamado sol.
Hubo un momento de quietud, el Ermitaño se detuvo, olio el aire, miró las nubes y sintió el viento que empezaba incipientemente a soplar, miró al Shela y le dijo : – apuremos el paso, viene un fuerte vendaval, el joven Shela no discutió el saber del Ermitaño tan solo lo acompaño redoblando el paso de avance hacia el refugio.
El Shela caminaba al paso del Ermitaño mientras meditaba en los sonidos de la montaña, acompañado de un muy bajo murmullo mantranico del Ermitaño, de repente le interrumpió con una pregunta:
– Ermitaño, tu que sabes leer los vientos, que escuchas el silencio de las rocas y miras el Espíritu de Dios en los animales, dime: cuál es la mejor religión.
El Ermitaño paro en seco, volteo la mirada y observó al joven Shela quien estaba algo asustado por la manera como se había detenido el Ermitaño.
El Ermitaño al ver la magnitud de la pregunta le dijo:
Mi querido Shela esto no lo podemos hablar mientras tu me miras a la espalda al caminar, me tienes que prestar atención:
Esa magnitud que llamamos Dios, que los judíos le llaman D-os y 72 nombres más, Los Católicos y Cristianos le llaman Dios, los islámicos Ala, los budistas Brahma, otros Arquitecto del Universo y otros tantos nombres, es tan solo una manera de referirnos a ÉL. Nosotros, los hombres, somos los que hemos tratado de humanizar al Padre de todas las cosas, al principio de todo, que lo posee y está en todo.
Pretendemos hacer ver un Dios a Nuestra medida, y las religiones adoran a esa concepción de Dios y solo a esa, pues yo te digo mi querido Shela: la religión única y última es una religión de ejercicio y no de palabra, no importa la religión que profeses si ejerces la más elemental Gracia de Dios que no es otra que el Amor. De allí parte todo mi querido Shela, todas las religiones del mundo que conocemos entienden a Dios como el Amor y todo lo que gira en torno a esto, ese Amor humano que sentimos hacia nosotros mismos, hacia otros, hacia todo lo creado por Dios, ese Amor del que hablamos es el idioma universal que nadie osa poner en duda, así que no mires tanto la religión, más bien mira lo que hacen los que practican lo que llaman religión, y entonces empezamos a ver el Amor Divino, allí cuando vamos más allá del Amor humano es cuando encontramos a la Maravillosa Presencia de Dios.
Si yo puedo hablar varios idiomas humanos e incluso idiomas de ángeles, pero no tengo amor, soy como un metal que resuena o una campanilla que repica.
1 Corintios 13
Yo puedo tener el don de profetizar y conocer todos los secretos de Dios. También puedo tener todo el conocimiento y tener una fe que mueva montañas. Pero si no tengo amor, no soy nada.
Puedo entregar todo lo que tengo para ayudar a los demás, hasta ofrecer mi cuerpo para que lo quemen. Pero si no tengo amor, eso no me sirve de nada.
Nada más fue dicho en ese viaje, el Shela lo había entendido todo; mientras tanto volvieron a apresurar el paso para llegar al refugio antes del vendaval.
Nada más maravilloso que el idioma universal, el Amor, y redunda cuando lo llamamos el Amor de Dios, puesto que Dios es eso mismo, Amor.
Bendiciones.
Paz y Luz.
Alexis Rodríguez D.

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