Palabras para Cuentos y para entender los Cuentos.
28/09/2022
Por: Alexis Rodriguez D.
Hay una época de nuestras vidas que somos pragmáticos: o es blanco o es negro; se nos olvidan los tonos y los múltiples colores que compone el blanco hasta llegar a ser negro. La luz, ese vector que todo lo cambia, nos va cambiando a nosotros también.
Después de un tiempo, empezamos a ver y a entender el tema de los tonos y los colores, y comprendemos entonces que la realidad es asunto de perspectivas, desde que circunstancia aprecio, desde que nivel observo.
Dentro de tantos autores que me gustan como tratan el asunto de la realidad, más allá de lo filosófico, teológico o metafísico, Anthony de Mello tiene un toque especial para mí y es un hito para mis estudios.
Acá dejo hoy un poco de Anthony de Mello, con mis pinceladas y agregados aquí y de allá.
Palabras para cuentos y para entender los cuentos.
Mira todo lo que alcance tu vista sin poner ningún nombre. Pasa más allá del concepto y ve la realidad que hay detrás de cada cosa, sin fragmentación, englobando, tratando de descubrir la unidad. No podrás explicarlo con palabras. No existen las etiquetas para la realidad. Por eso, al místico no le dan ganas de hablar. ¿Cómo explicaría el mundo que él descubre viviendo metido en la realidad que le descubre la sabiduría? Sólo te cuenta cuentos y parábolas, para ver si saca su esencia.
Eso mismo hacen los poetas. León Felipe dice: «La distancia entre un hombre y la realidad es un cuento». El poeta, por medio de un cuento, te hace captar una realidad sin etiquetas. No se puede narrar lo inefable sin disparates que parecen sin sentido, que van más allá de los conceptos, como ocurre en muchas escrituras.
Lo que nos narran las escrituras es un misterio, pero luego, los necios ha querido encerrar ese misterio en una cárcel de conceptos y normas. Si no eres capaz de expresar la esencia del árbol con el nombre árbol, ¿cómo vas a tratar de expresar a Dios? «El que sabe, no dice. El que habla, no sabe», esto dicen en Oriente.
El mismo idioma constituye una forma de programar a las personas. En realidad, nadie tiene la capacidad de ofenderme. Lo que me ofende es la forma en que interpreto el lenguaje. Ocurre cuando yo relaciono esa palabra que has dicho con una imagen determinada o un concepto. Es la etiqueta que lleva colgada la palabra.
Sólo algo de la realidad queda desvelado por la palabra que empleamos continuamente, y con esa fracción nos movemos, sin indagar dónde queda lo demás. Hasta los científicos reconocen no conocer más que una parte pequeñísima de la realidad. Algo nos dan a conocer el concepto y la palabra, pero el movimiento, la inmensidad, el no poder expresarla ni encajarla, ni definirla, eso, lo tenemos que deformar cuando queremos expresarlo con palabras.
El ciego, cuando le describen con palabras lo que es el color amarillo, no tiene ni la menor conciencia de cómo es ese color. Para comprender la realidad, el místico hace como el pájaro, no se agarra a nada. La realidad no se deja encerrar en fórmulas.
Todas las religiones creen, o quieren tener la verdad, poseer toda la verdad. La Realidad, la Verdad, por ser Una, no es de nadie en exclusiva, porque es de todos, pero menos lo es de los que quieren cristalizarla, porque eso que se deja atrapar, ya no es Verdad.

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