¿Prisioneros del Miedo?
Alexis Rodriguez Diaz ®
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Desde la antigüedad el miedo ha sido una manera de manipular y dominar al mundo.
Mentes maquiavélicas han entretejido
sistemáticamente tesis, doctrinas y estratagemas basadas en el miedo colectivo.
El objetivo, uno sólo:
"El dominio a través de la emoción más básica y primitiva, el miedo."
Entendamos el miedo: el mismo es
necesario, es la forma como primitivamente nos protegíamos; nuestro sistema de
supervivencia se activa con el miedo, con el nos sometemos a la premisa de "lucha o huye", este a su vez, al activar nuestro sistema nervioso
simpático pone todo nuestro organismo en alerta.
Esto es bueno cuando se trata de enemigos reales, pero tremendamente perjudicial cuando no lo precisamos.
¿Qué pasa cuando el miedo es infundado o magnificado?: sencillo, nos "gastamos" al someter a todo nuestro organismo a una condición inexistente o a tratar a nuestro encéfalo, donde se encuentran las funciones básicas involuntarias, con los problemas que deberían ser pensados, más no reaccionados automáticamente.
Recuerdo a un viejo libro médico que leí de muy jovencito "De la emoción a la lesión" (se lo quité prestado a un vecino que estudiaba medicina), ese fue mi primer paso para entender el poder del pensamiento sobre la salud.
Hay un libro de Cristian Fleche, “El origen Emocional de las enfermedades” que nos ayuda a identificar la causa psicológica de los trastornos de salud.
Somos consecuencia de nuestros actos, consecuencia de nuestros pensamientos.
Como dijo el filósofo y matemático Rene Descartes: “Primero pienso y luego existo”, “cogito ergo sum” .
El concepto emitido por Descarte nos hace
reflexionar profundamente sobre el poder extraordinario de nuestro pensamiento,
su alta capacidad de enfermar o sanar no solo el cuerpo, sino también el alma.
Descartes se dice a sí mismo: "y así comprendo, por sólo el poder de juzgar, que reside en mi espíritu lo que creía ver con mis ojos" (Descartes, 1997: 141). O sea, que no importa la banalidad del mundo, su posible ficcionalidad: el pensamiento siempre puede ejercer su actividad y configurar una certeza. Pero nunca es por sí mismo, sino que necesita eso que le hace resistencia. Sólo que aquí la resistencia puede ser una ficción, si bien no producida por la imaginación, sino por una potencia exterior (llámese genio maligno). Lo que depende del pensamiento no es, por lo tanto, el contenido, la determinación, sino la certeza. El pensamiento tiene la potencia, la única potencia propia de decirse a sí mismo: esto es cierto.
El miedo tiene una debilidad: se oculta detrás de supuestas certezas que no lo son. Si logramos despojar al miedo de la máscara de certezas inventadas, si logramos poner sobre el miedo el manto de la verdad, pierde todo su poder.
Regreso a Descartes:
Bajo el nombre de Dios entiendo una sustancia infinita, eterna, inmutable, independiente, omnisciente, omnipotente, por la cual yo mismo y todas las demás cosas que existen (si existen algunas como el miedo) han sido creadas y producidas. Ahora bien: tan grandes y eminentes son estas ventajas, que cuanto más atentamente las considero, menos me convenzo de que la idea que tengo de ellas pueda tomar su origen en mí. Y, por consiguiente, es necesario concluir de lo anteriormente dicho que Dios existe; pues si bien hay en mí la idea de la sustancia, siendo yo una, no podría haber en mí la idea de una sustancia infinita, siendo yo un ser finito, de no haber sido puesta en mí por una sustancia que sea verdaderamente infinita.
Una vez más, el conocimiento nos libera; conociendo el poder del supremo, adentrándonos en El, entendemos que todo aquello que es
inferior a la luz de Dios, a la bondad del Eterno, no tiene poder alguno sobre nosotros.
Te invito a conocer al enemigo "a eso que te produce el miedo" identificarlo y medir su verdadero poder.
Si logramos pensar el miedo, más allá que sentir el miedo, seguro le ganaremos la batalla.
En este momento hay en el mundo un gran movimiento de manipulación de masas basado en el miedo, vamos a pensarlo y no dejarnos manipular por los demás.
Leer, orar, meditar sobre el poder de
Dios nos va liberando de miedos y de limitaciones autoimpuestas.
“No tengas miedo, que yo
estoy contigo; no te desanimes, que yo soy tu Dios. Yo soy quien te
da fuerzas, y siempre te ayudaré; siempre te sostendré con mi
justiciera mano derecha”
Isaías 41:10
Feliz día lleno de éxitos y victorias.
Alexis Rodriguez Diaz
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