La Bondad de Todos Los Días.


La Bondad de Todos Los Días.

Por: Alexis Rodriguez Diaz


A veces noto como nos dejamos impresionar por un mal momento, lo magnificamos y lo sentimos como el fin de mundo. !Exagerados¡. Si exagerados, malcriados, queremos que todo sea color de rosa. Siempre, pero simpe habrán días soleados y días grises, y eso no podrá ser cambiado por nadie, es la naturaleza de la vida.  Amargarnos y decaernos por un mal día es cobardía y insensatez. 

Me gusta y siempre tomo la historia bíblica  de Job como ejemplo, antes de toda la circunstancia terrible por la que paso Job, el fue muy bendecido y después de pasada la enorme prueba, se refundo y vivió y termino sus días con mas de lo que algún día tuvo.

En concordancia con eso hoy les comparto un capítulos de las historias del Ermitaño donde reflexionaremos sobre la bondad de todos los .


La bondad de todos los días.

Ese día era un día como cualquier otro, dentro de la monotonía no había sorpresas. 

El Shela costumbrado a la rutina del "todo bien" , empezó el día sonreído y canturriando, salió del refugio y camino hacia el riachuelo que estaba unos doscientos metros montaña abajo, era su rutina de todos los días, le tomaba algo mas de diez minutos lavarse la cara y llenas los cubos de agua y subir hasta la cueva. Ese día no fue así, apenas había salido se encontró con un enorme árbol que había caído sobre el camino y no habia forma de rodearlo, asi que debió subir a la cueva y buscar un hacha para cortar el tronco que no dejaba avanzar, entro así refunfuñando y notablemente molesto. El Ermitaño noto su molestia y le pregunto que le había pasado y este mal humorado replico: "bien temprano Ermitaño debo empezar a cortar un árbol que callo en el camino y no deja pasar" , seguido el Shela murmuro algo inteligible y continuo.

Pasados una media hora regreso nuevamente a la cueva el joven Shela, y ahora si estaba muy molesto, protestaba y buscaba una pala cuando el Ermitaño le pregunto nuevamente: 

-Que pasa Shela, porque la ira.

Ermitaño, no esperaba un día tan malo, primero el árbol caído y después, apenas unos metros después me encuentro un derrumbe que corto el sendero y debo rehacerlo, y agrego: ¿no es como demasiado en un solo día Ermitaño?

El Ermitaño, con tono apacible le dijo:

-Termina lo que tienes que hacer y cuando regreses y estés calmado te hablare de algo muy importante.

Acto seguido el Shela salió apresurado y sudoroso, bajo por el angosto sendero, removió todo el derrumbe hasta hacerlo transitable, de una vez bajo hasta el rio, se quito la ropa, entro el agua se quito el sudor y se sintió nuevamente limpio y renovado, inmediatamente lleno los dos cubos con agua fresca se colgó la pala que había usado para remover la tierra, y regreso al refugio. 

Allí ya en la cueva, fresco y limpio el Ermitaño le recibió con un cuenco lleno de café caliente y le pregunto: 

- Como te sientes Shela. 

Este le respondió con un monosílabo "bien".

El Ermitaño, tomo su pocillo de madera curtida por tantos café servidos en el y le invito a sentarse a su lado; el viejo Ermitaño olio el aromático colado de café, tomo un sorbo, suspiro, miro hacia el techo de la caverna como traspasando la roca y viendo lo que estaba escrito tras de ella, y allí miro de nuevo al Shela y le hablo: 

-Mi querido Shela, así solemos ser, Inmediatistas en nuestras reacciones, nos alegramos o entristecemos por lo que acaba de suceder. Lo que acaba de suceder lo tomamos como lo mas grande que ha sucedido. Te pregunto, ¿Cuántas veces al año te encuentras con esos inconvenientes, te garantizo que son muchos los días buenos, donde desde que amanece somos premiados con el mayor de los galardones, "la vida misma", cuantas veces hemos subido a la cima y hemos bajado sin un rasguño, muchos verdad. Bueno a eso me refiero, cuando algo "malo" o que no nos gusta nos suceda, es de nobles agradecer por los días buenos, por la salud, por los premios, por los ascensos, por el progreso, por la vida misma. Te diste cuenta, después de todo ese trabajo de esta mañana, tenias las HERRAMIENTAS conque salir adelante, tenias LA FUERZA necesaria, y de premio tenias el rio como reponerte, y después de todo tenias UN REFUGIO donde te esperaba un poco de café caliente. Son muchos las gracias y muy pocos los momentos ásperos para dejarnos ganar por los pocos.

Terminado esto el Joven Shela finalizaba su café, miro el fondo del cuenco y como recargado por este le dijo al viejo Ermitaño: 

-Gracias Ermitaño, gracias al creador por todo los premios que me da todos los días y por la vida que da la fuerza para seguir adelante.

Sonrieron, se sirvieron otro poco de café y cada uno continuo sin parar con su rutina, sabiendo que eran mucho mas las bondades de los días que los pocos malos momentos que nos puedan abatir circunstancialmente.


EL mejor momento para agradecer es exactamente cuando esta sucediendo algo que no es de nuestro agrado.


Bendiciones.


Alexis Rodriguez D.

 

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