Lleno de Ti




Lleno de Ti

Por Alexis Rodriguez Diaz



Me encontraba en un acto litúrgico en un templo católico, un santuario con mucha afluencia de personas que pedían y rogaban por milagros. Cada uno seguía su propio estilo, mirando la imagen del Santo protagonista del Santuario, haciendo reverencias o dirigiéndose a otros santos en los que profesaban fe. Al frente del altar mayor, algunos se sentaban en silencio para orar entre las voces de los visitantes y feligreses.


Yo me senté en la segunda fila, justo frente al altar mayor. Me quedé ensimismado, contemplando la belleza y cuidada arquitectura del lugar. Medité con los ojos abiertos mientras un hombre de mediana edad pasaba caminando de rodillas hacia una imagen de Jesucristo. Allí se postró en oración, colocando sus manos sobre los pies de la imagen. Después de terminar su oración, se levantó y salió por uno de los laterales de la nave. El lugar estaba lleno de actos de adoración y fe.


Continué en meditación y oración hasta que llegó la hora de la misa. El carismático sacerdote entró cantando un himno y comenzó la celebración, invitando a los feligreses a participar activamente en el acto sacro. Al terminar la liturgia, extendió una invitación especial: bendeciría rosarios, estampas, carteras, changuitos de mercado y otros objetos si los fieles lo deseaban. En ese momento, me di cuenta de que este sacerdote era diferente, que tenía algo más que ofrecer.


Después de la bendición, el sacerdote invitó a quienes quisieran quedarse para una oración en silencio y nos indicaría cómo hacerlo. Fue entonces cuando comenzó una charla amena sobre el poder del yo y el ahora, según sus palabras. Dejó claro que Dios no estaba en las imágenes, que estas eran solo representaciones humanizadas. Compartió que la oración más poderosa era en silencio, en nuestro más íntimo silencio interior. Afirmó que quince minutos de silencio con Dios eran más poderosos que muchos rosarios y oraciones pomposas. Sus palabras iban más allá de los estándares católicos.


Hizo referencia al pasaje de Mateo 6:6-13, recordándonos que al orar, debemos entrar en nuestro aposento interior, cerrar la puerta de nuestros sentidos y orar en secreto a nuestro Padre que todo lo sabe. No es necesario mentirle ni explicarle nada, solo dejar que actúe en nosotros y se manifieste en silencio. La conexión con Dios debe ser con el alma y el espíritu, no con la boca. Dios está en lo pequeño y en lo grande, y podemos conectarnos con Él a través del silencio, sin imágenes ni palabras, para permitir que nos impregne.

 

Mateo 6:6-13 "Mas tú, cuando ores, entra en tu aposento, y cerrada la puerta, ora a tu Padre que está en secreto; y tu Padre que ve en lo secreto te recompensará en público.


Nuevamente me sorprendió el sacerdote cuando nos instruyó en técnicas de respiración y relajación, y luego nos guió en pequeñas meditaciones en Dios y para Dios. No sé si fueron quince minutos o más, pero la bulliciosa nave se sumergió en un profundo silencio, al menos así lo sentí yo. Fue una experiencia meditativa guiada, hermosa y reconfortante.


En resumen, viví una bonita experiencia en el Santuario de San Expedito de Balvanera, en la ecléctica Ciudad de Buenos Aires. En este lugar, un sacerdote carismático y diferente nos recordó la importancia del silencio interior y la conexión con Dios más allá de las imágenes y las palabras.


Dios les bendiga.

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