Camino del Corazón.
Alexis Rodriguez Diaz
El viejo Ermitaño y el joven Shela celebraban el amanecer con sendos tazones de café caliente, viendo, más bien admirando como explotaba la esfera amarilla incandecente entre las montañas. Alli en ese momento mágico en Shela le pregunto al Ermitaño: ¿Ermitaño, como debo comportarme cuando después de mucho esfuerzo no logre alcanzar un sueño por el qoe he luchado mucho?
El Ermitaño tomo un largo trago de café miro al cielo más arriba del sol y le dijo:
Querido Shela, en los recovecos del tienpo, donde las estrellas se entrelazan y los suspiros se funden con la brisa, existe un sendero que solo los corazones audaces se atreven a transitar. No es un camino de piedras pulidas ni de señales claras; más bien, es una senda de intuición, de latidos sincronizados con el universo.
Cuando eliges un camino con el corazón, no te guías por mapas terrenales ni por coordenadas geográficas. No, tu brújula es el palpitar de tus sueños, la melodía que susurra el viento en las hojas de los árboles. Sigues las huellas de tus propias emociones, y aunque el mundo te mire con escepticismo, tú avanzas con la certeza de que estás en el lugar correcto.
Es cierto que en este sendero puedes perder cosas. Puedes dejar atrás certezas, comodidades y hasta personas que no entienden tu elección. Pero, ¿qué es una pérdida sino el espacio que se abre para recibir algo nuevo? Quizás, al soltar lo conocido, estás haciendo espacio para lo extraordinario.
Tus ojos pueden ver solo una parte de la realidad. Observan las colinas y los valles, las sombras y los destellos. Pero el corazón, ah, el corazón es un vidente. Percibe las energías sutiles, las conexiones invisibles. Sabe que cada paso en este camino tiene un propósito, incluso si no lo comprendes en el momento.
¿Y qué hay de los sueños que parecen desvanecerse en el horizonte? Esos anhelos que se desdibujan como estrellas fugaces. No temas. A veces, el verdadero propósito no está en alcanzar la meta, sino en el viaje mismo. En la búsqueda incansable, en las lecciones aprendidas, en las lágrimas y las risas compartidas con otros viajeros.
Quizás, en tu persecución, descubras que el destino no es un punto fijo, sino una constelación de momentos. Un caleidoscopio de experiencias que te transforman, que te llevan más allá de lo que imaginaste. Porque el verdadero destino no es un lugar en el mapa, sino la persona en la que te conviertes en el trayecto.
Así que sigue tu corazón. No temas perder, porque en realidad estás ganando. Ganando la valentía de ser fiel a ti mismo, la sabiduría de escuchar las señales del alma, la dicha de compartir el camino con otros buscadores. Y cuando mires atrás, verás que cada paso, cada desvío, cada elección, tenía un propósito mayor.
Este sendero no es para todos. Solo para aquellos que están dispuestos a perderse para encontrarse. Para los que creen en lo invisible, en lo mágico, en lo que trasciende las coordenadas del espacio y el tiempo. Así que, adelante, caminante. El corazón te guía hacia un destino que solo tú puedes descubrir. 🌟
Querido Shela espero de estre estas palabras encuentres la repuesta que buscas.
El Joven Shela miro a los ojos al Ermitaño y sin pronunciar palabra bajo la mirada como en gesto de reverencia, y le respondió solamente con un profundo Gracias Ermitaño.
Que la paz y la luz siempre more en ti.

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