Recuerdos de tu Niñ@ Interior: Una mirada hacia ti.
Alexis Rodríguez D.
Se escuchaba el sonido de la leña arder en el pétreo fogón mientras el Ermitaño dejaba destilar la olorosa infusión de café.
Un minuto después dos tazas humeantes sobre la mesa marcaban el inicio de una profunda conversación. El joven Shela, con la mirada expectante, aguardaba las palabras que el anciano tenía para él. Un sorbo de café, un silencio cargado de significado, y la voz serena del viejo maestro rompió el aire:
"Te hablaré de un niño", comenzó, sus ojos brillando con la sabiduría de los años. "Un niño que, como tú, se encontraba en la búsqueda del verdadero significado de la vida. Un niño que, a pesar de su corta edad, ya había experimentado la desilusión y la incertidumbre."
"Este niño", continuó el anciano, "se encontraba perdido en un laberinto de dudas y miedos. No sabía cuál era su camino, ni qué decisiones tomar para alcanzar la felicidad. Un día, mientras vagaba sin rumbo fijo, se encontró con un anciano sabio."
El anciano, con su mirada compasiva y sus palabras llenas de verdad, le dijo al niño: "La felicidad no es algo que se encuentra, es algo que se crea. La llave para la verdadera alegría reside en tu interior."
El niño, intrigado por las palabras del anciano, le preguntó cómo podía encontrar esa llave. El anciano le respondió: "Debes aprender a amarte a ti mismo, a aceptarte tal como eres, con tus virtudes y defectos. Debes vivir el presente con plenitud, sin aferrarte al pasado ni preocuparte por el futuro. Y, sobre todo, debes seguir tu intuición, tu voz interior, que siempre te guiará hacia el camino correcto."
El niño, con el corazón rebosante de esperanza, emprendió un nuevo viaje. Un viaje de autodescubrimiento, de amor propio y de conexión con su ser interior. Un viaje que lo llevó a encontrar la verdadera felicidad."
El joven Shela, conmovido por la historia, se quedó en silencio, reflexionando sobre las palabras del anciano. En sus ojos se reflejaba la chispa de la comprensión. La semilla de la sabiduría había sido plantada en su corazón.
El anciano le sonrió, con la satisfacción de quien ha cumplido su cometido. Sabía que el joven Shela estaba ahora en el camino correcto, el camino que lo llevaría a alcanzar la verdadera felicidad.
El viejo Ermitaño concluyó con el siguiente consejo:
En esos momentos en que te encuentres recayendo en viejas costumbres infantiles, producto de la nostalgia, busca siempre que puedas un espacio de paz y privacidad. Cruza tus manos sobre tu corazón y abrázalo con ternura. Permanece en esa postura por unos instantes, si puedes cuenta hasta 25 saboreando la calidez de tu hogar interior, recuerda lo que te he enseñado (números mágicos, la Sacerdotiza 2 y el Sumo Sacerdote 5) . En ese acto de amor propio encontrarás la fuerza para seguir adelante y dar un paso atrás ante aquellos que aún no han despertado a la realidad del amor que reside en su interior.
Recuerdalo:
No necesitas buscarlo fuera de ti, pues ya reside en tu corazón.
Los momentos de nostalgia son oportunidades para reconectar con ese amor.
Abrázate con ternura y compasión, especialmente cuando te sientas vulnerable.
Comparte la luz del amor que llevas dentro para iluminar el camino de los demás.
Confía en el poder del amor que habita en ti. Es la fuente de tu mayor fortaleza y la llave que abre las puertas a una vida plena y significativa.

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