Un nuevo amanecer
Alexis Rodriguez Diaz
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Ese día, el Ermitaño había despertado muy temprano, el invierno ya ausentaba al sol por más horas, los amaneceres eran pasadas las 8 de la mañana.
Faltaban horas para que despuntara el sol pero el Ermitaño preparaba su mochila, dejaba lo esencial en ella, el peso debía ser ligero.
Mientras el Shela hacía lo mismo, le preguntó al Ermitaño.
- Ermitaño, ¿qué es lo más importante que debemos llevar en este viaje?
El Ermitaño lo miró y le dijo:
- Lleva lo mejor de ti mi querido Shela, deja todo lo demás, lleva la confianza, lleva la fe, lleva contigo todo el cargamento de amor y paz, no olvides la esperanza. También lleva ese pequeño libro contigo, ese donde están las notas de oportunidades alcanzadas, lanza en la hoguera los fríos y las soledades, deja las fuerzas perdidas y los malos momentos, hoy es el primer día del mejor de tus tiempos, "El primer día del tiempo que te queda".
Tu equipaje debe ser ligero de carga, pero repleto de esperanzas y de mucha fe y mucha fuerza para avanzar.
Yo me llevo lo más importante de lo alcanzado acá en la montaña, me llevo la fe en mí, el autoconocimiento, mi conexión con el maestro de maestros.
Allí el Shela le interrumpió con la pregunta: Ermitaño, ¿pero donde vamos?
- Tu no lo sabes, yo no lo sé, solo sabemos que vamos paso a a paso, sabes qué quiere tu corazón, yo sé qué quiere el mío, dar el primer paso más allá de la cueva, ese es el principio de un Gran Víaje.
"El primer paso no te lleva a ninguna parte, pero ten la seguridad que te saca de donde estás"
Asi el Shela y el Ermitaño empezaron el nuevo amanecer, un nuevo día, un nuevo camino.
Todos los días tenemos la oportunidad de emprender y crecer, y avanzar.
Y para cerrar, un poco del libro de Isaías que me gusta mucho por su fuerza y por la fe y esperanza que inspira:
»Ensancha el espacio de tu carpa,
y despliega las cortinas de tu morada.
¡No te limites!
Alarga tus cuerdas y refuerza tus estacas.
3 Porque a derecha y a izquierda te extenderás;
tu descendencia desalojará naciones,
y poblará ciudades desoladas.
4 »No temas,
porque no serás avergonzada.
No te turbes,
porque no serás humillada.
Olvidarás la vergüenza de tu juventud,
y no recordarás más el oprobio de tu viudez.
5 Porque el que te hizo es tu esposo;
su nombre es el Señor Todopoderoso.
Tu Redentor es el Santo de Israel;
¡Dios de toda la tierra es su nombre!
6 El Señor te llamará
como a esposa abandonada;
como a mujer angustiada de espíritu,
como a esposa que se casó joven
tan solo para ser rechazada
—dice tu Dios—.
7 Te abandoné por un instante,
pero con profunda compasión
volveré a unirme contigo.
8 Por un momento, en un arrebato de enojo,
escondí mi rostro de ti;
pero con amor eterno
te tendré compasión
—dice el Señor, tu Redentor—
Alexis Rodríguez Díaz
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