Humildad, Arrepentimiento y Sumisión ante Dios.
20/08/2022
Por: Alexis Rodriguez D.
Muchos son los caminos que conducen a Dios, pero todos son signados por el poder del arrepentimiento, la humildad y la sumisión al gran poder del Padre.
A pesar de que es un profeta, a Jonás le costaba comprender lo que Dios quería de él: la misericordia...
¡Todo el mundo cree en algo o en alguien! El creyente cree en Dios. Pero, ¿en qué Dios? La odisea de Jonás es un itinerario que se basa en una doble pregunta: ¿en que Dios pones tu fe? Una vez nombrado, ¿le conoces verdaderamente?
La historia del profeta Jonas nos muestra como toda la posible destrucción cesa con el arrepentimiento, la constricción, la sumisión ante el poder extraordinario de Dios.
El libro de Jonás se resume así. En el primer capítulo, Dios envía a Jonás a Nínive, pero éste desobedece y huye en un barco. En cuanto se embarca se desencadena una tempestad y lo echan al agua. El capítulo dos habla del gran pez que se traga al profeta. Después de tres días y tres noches rezando dentro del vientre del monstruo, Jonás recibe de Dios la orden de volver a Nínive (capítulo tres), donde Jonás obedece y anuncia la destrucción de la ciudad. Los habitantes de Nínive creen en esta palabra y se convierten. Viendo esto, Dios renuncia al castigo y concede su perdón. ¡Lo que hace que Jonás se enfade (capítulo cuatro)!
Jonás no cree en la «eficacia» de la palabra que él pronuncia de parte del Señor. A pesar de ser un profeta, no conoce la finalidad de Dios: ¡la misericordia! Su huída ante la misión que se le ha encomendado, el fracaso de un proyecto, la angustia en la oración, la constatación del efecto que la palabra tiene sobre los habitantes de Nínive, la cólera... En todas estas etapas, Dios se revela poco a poco a Jonás, le obliga a deshacerse de sus resistencias y de sus ideas falsas para descubrir, a través del don concedido, quién es verdaderamente aquél del que él lleva la palabra. Jonás comprende que esta palabra eficaz no es la suya y que es una palabra que abre a la verdadera fe a todos, incluido él.
Quizás sólo falta eso en estos tiempos de prueba y de promesa.
Acá vale la pregunta:
Y si nos regresamos a nuestro corazón y allí constrictos, humildes de alma y corazón nos sometemos a la valuntad del Señor, si allí le decimos; Padre, soy tu hijo/a tienes el derecho de disponer de mi, has lo que quieras conmigo, ante ti soy débil como la bruma de la mañana al salir el sol, dejome en tus manos señor, que se haga tu voluntad, quiero la vida y la libertad, pero tu eres dueño de mi vida y así lo reconozco ante ti y me pongo a tus pies humilde y arrepentido. Miro el horizonte y solo tu eres el dador de futuro y de bienestar.
Quizás nos toque salir del vientre de la ballena y arrepentido cantar el mensaje del Maestro de Maestros.
Feliz y bendecido día.
Amen

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